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Der Meister (Priv: Ian)

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Der Meister (Priv: Ian)

Mensaje por Cadiz Müller el Vie Jul 20, 2012 5:10 pm

La mansión... Cada vez que entraba a ella tenía una sensación extraña, cómo de no pertenecer allí y claro, no pertenecía, solo estaba allí por Ian, su ahora amo. Unos años bastaron para que aquellos dos se acostumbraran a sus presencias aunque sus personalidades chocaban con frecuencia, demasiado parecidos en todo... Los dos eran hombres jovenes, orgullosos, peligrosos... Pero uno servía al otro y debía bajar la cabeza, así lo habían moldeado y la poca rebeldía que parecía sostener era algo que muchas veces divertía al mayor - Tsk... - Müller se encaminaba al dormitorio de Ian, con pasos largos sin apresurarse como lo haría cualquier otro sirviente de la mansión Khaled, se tomó su tiempo, quitándose la típica máscara que ocupaba para ocultar su rostro. Lo había hecho "famoso" entre los radicales de la rebelión, un asesino que más parecía fantasma por su velocidad y tenebroso al no saber nadie como era su rostro, solo se veía un ojo carmín, entre esa máscara de gas, frío mientras mataba a su víctima, la última visión que tenían no era muy linda.

- "Toc, toc, toc" - Sus nudillos golpearon suavemente la gran puerta de su habitación, esperando unos segundos entró con discreción, casi como una sombra a un cuarto bastante oscuro ya que las cortinas eran bastante tupidas, se encaminó a ellas, mirando de reojo el bulto enredado en las sábanas en la cama, Ian, de seguro había estado en fiestas aquella noche mientras a él lo había mandado a "hacer un trabajo". Un movimiento rápido y seco hizo que la pesada cortina color azul marino se fuera a un lado haciendo un ligero ruido y dejando entrar la luz del día, aunque no tan brillante para molestar a estos seres que eran, sí podría molestar a un recién despierto vampiro, la luz grisácea que llegaba de la gran ventana daba directo a la cama. Cadiz sólo miraba en un rincón en donde la luz hacía más oscuro aquél sitio, disfrazándolo por completo ya que ese día tenía una chaquetilla negra en vez de la acostumbrada roja.

- Despierta - Su voz algo grave aunque segura parecía bajar un poco el tono para que el otro ser no se fijara mucho en donde estaba - Debemos trabajar -
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Re: Der Meister (Priv: Ian)

Mensaje por Ian Khaled el Sáb Jul 21, 2012 5:09 am

Sus pasos resonaron suavemente en la oscuridad del pasillo, pasos lentos que eran seguidos por el taconear gracioso de una fémina, el olor suave de su perfume se incrustaba en cada esquina de la habitación, era guapa, así le gustaban, mujeres de piel suave, blanca que hacía contraste con la suya propia, le recordaban a cierto juguete que no se había permitido tocar… que no tenía permitido tocar de la manera en que haría con aquella triste y desesperaba presa. Abrió la puerta de la que era su habitación con un rechinar típico de la antigüedad de aquella gran mansión, dando paso a una habitación oscura pero que no tardo en iluminarse con un tenue y cálida luz que daba al ambiente el tono secreto de lo que acontecería aquella noche oscura, suspiró suavemente y con un leve movimiento cerró la puerta con el cerrojo puesto… pobre, aquella pequeña bestia le miraba con anhelo, deseo, lujuria… aun no sabía cuál era su triste destino…

Suavemente le recorrió con sus manos desnudas mientras iba quitando el vestido de satín barato e iba desnudando el cuerpo firme y suave de su presa, a la vez que repartía pequeñas caricias que hacían que la chica suspirase llena de placer… caricias, besos tenues que hicieron que esta entrase en confianza y pudiera al fin darle refugio al deseo carnal que el vampiro tenía... pero claro, mucho antes de que pudiese llegar a su culmine, en un enredo de cuerpos, en un vaivén infinito de caderas que les unían en un lujurioso acto…él, hambriento… le mordió; destrozó la suave garganta, la pequeña manzana que temblaba y se revolvía mientras que aquel delicioso y sublime liquido carmín que le era su fuente vital de alimento. Suspiró suavemente y antes de que su presa estuviese a punto de morir, perdida entre las embestidas continuas y la pérdida inminente de su sangre, se derramó en su interior, bebiendo así hasta la última gota que había quedado en el cuerpo de aquella mujer que ahora no era más que un juguete sin vida, aburrido, asqueroso….

Salió rápidamente de ella y la envolvió en una de las sabanas que había sido testigo de su cruel destino y la dejó en un rincón como si no fuera más que un bulto de basura, es que claro, ahora que había cometido su objetivo, ella ya no tenía mayor importancia. Aquella noche, durmió tranquilamente aunque bien le hubiese gustado beber mucho más, pero el salir de caza y obtener más de una presa por noche no era su estilo, le gustaban de un solo tipo, de una sola apariencia, altivaz…difíciles y aquellas eran imposibles de encontrar.

Aquella fue la noche que aconteció a la mañana siguiente cuando la luz grisácea se coló molesta en su habitación, como si estuviese culpándole del ilícito que había cometido cuando sus instintos le pedían el devorar sin compasión a aquella muchacha que había conocido en aquel bar. Se removió suavemente entre las sabanas y se sentó al fin cuando le fue imposible el volver a conciliar el ceño, el cabello le caía suelto por los hombros es una cascada al parecer interminable de brillante y lacio azabache. – Lo sé…-le miró sonriente mientras se acomodaba los mechones rebeldes tras una perfilada oreja.- pero primero deshazte de eso. –Señaló a un rincón, el cuerpo deshecho, la sabana anteriormente de un pulcro blanco teñida de un fuerte carmín que daba a entender perfectamente que había pasado.- Puedes darle el cuerpo a los perros o a los cerdos, no me importa, solo haz que esa basura desaparezca. –dijo tan cruel como siempre mientras relamía sus labios, satisfecho aun por su anterior merienda. –Ah, sí, encárgate de enviar una fotografía a su padre… esta chica… creo es miembro de la rebelión, seguramente esto les volverá locos por un tiempo. –Sonrió caprichoso, esperando por alguna reacción en aquellos rojizos ojos que le encantaban… alguna muestra que el otro aun era el perro rabioso al que le había puesto una correa.
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Re: Der Meister (Priv: Ian)

Mensaje por Cadiz Müller el Mar Jul 24, 2012 4:59 pm

Claro... Ian siempre tan mimado le sonreía aunque Cadiz había echado las cortinas para atrás con el solo propósito de molestarle, de hacerle su mañana un algo más desagradable, pero parecía que había tenido una muy buena noche porque su aspecto había mejorado desde la tarde del día anterior hasta ahora. Suspiró mirando donde le señalaban, topando en el trayecto su mirada con algo amorfo en una de las esquinas cercana a la puerta, el menor de los vampiros hizo una mueca de disgusto que no pudo esconder pues él no estaba para esas tareas del hogar... Casi le suelta un "...!Que lo haga tu criada..." si no fuera porque estaba hablando con su amo - ¿Una fotografía de como está ahora? - Fue con sus pasos largos pero lentos hasta donde el bulto parecía haber sido dejado caer como un costal de patatas por la sangre un tanto salpicada a los lados, se acuclilló a su lado y dio una miradita, subiendo un poco la sábana - ¿Te comiste también la tráquea? ¿Seguro no te atragantaste? - Los ojos carmesíes del joven se fijaron en los de la pequeña víctima que había tenido el mayor, destrozada... Pero podía servir de algo si la podía... trabajar un poco más antes - ¿Puedo cambiar un poco las cosas en esa orden que me diste? El resultado podría ser mejor si hago lo que pienso... Pero necesito tu permiso - Muy pocas veces trataba a Ian como se suponía, con formalidad y distancias, muchas veces se podía ver la ilusión de que posiblemente fueran amigos, pero no... Los modos rudos para con su amo, venían de un pequeño resentimiento a su destino, que ni bien había nacido (como cualquiera de sus hermano) tendría que servir a este caprichoso y mimado vampiro.

El pelinegro todavía examinaba el cuerpo con el que experimentaría mientras le hablaba pero aún así se podía sentir el aura especialmente sádica y psicópata que emanaba de su ser, él siempre tenía esta especie de "manto" que lo cubría cuando trabajaba en lo que era su especialidad o podía hacer sufrir a otros, no por nada las torturas que se desarrollaban en ese lugar, cuando podían encontrar a algún chiquillo de la rebelión, las hacía él... Y cantaban como canarios. Mientras esperaba una respuesta a su pequeño capricho sus orbes se fueron a buscar los de su jefe, inclinando su cabeza hacia un lado, todavía con ese brillo asesino en sus ojos, Ian le parecía un tanto arrogante, bueno, eso venía de su familia, pero en todo caso siempre pensaba que él estaba esperando a que Cadiz hiciera algo, siempre con sus bromas pesadas, sus insultos, sus motes sin sentido, incluso sus golpes, todo era junto a esa mirada en particular - ¿Pasa algo? - Su tono sonaba plano, sin entonaciones ni nada, totalmente monótono e inalterable, casi como un zombie desde el día en que había llegado, Ian todavía no había hecho nada que lo pudiera llevar al límite.

Como no le respondían, se volvió nuevamente a su nueva adquisición, tomando en brazos el cuerpo para luego llevarlo en un hombro, por donde la sábana no había sido manchada, apestaba ya un poco, la descomposición era rápida y su nariz un poco más agudizada no lo apreciaba - Vengo en breve... Por mientras dúchate y vístete, tienes todavía olor a sangre seca - Se dio vuelta, abrió y cerró tras de sí, acarreando el bulto por toda la mansión hasta lo que él tenía como "oficina" para hacer los trabajos un poco más "revueltos" en el subterráneo.
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Re: Der Meister (Priv: Ian)

Mensaje por Ian Khaled el Jue Jul 26, 2012 8:55 pm

Una suave risilla escapó de sus pequeños labios cuando escuchó la respuesta proveniente del menor, claro que le había destrozado la tráquea, era el lugar perfecto donde la sangre se disparaba con fuerza hacía su boca una vez mordía en el lugar adecuado. Aun cuando le había parecido interesante la propuesta no le respondió, ni negativa ni positiva, solamente se había levantado sigiloso y sin hacer ruido alguno para reacomodar sus ropas e ir silencioso al encuentro con este, aprovechando el lapsus en que el otro había dedicado un atisbo de su atención al vulgar bulto que yacía pudriéndose en la esquina de su habitación.

-Haz lo que quieras~-dijo en un ronroneo ronco y sensual mientras alzaba sus brazos y se estiraba despreocupadamente, como si de un felino recién que recién despertaba se tratará. Estiró sus músculos y soltó un suave… suave suspiro que resonó pesado en aquella habitación como si esta fuera cómplice de lascivia que su cuerpo poseía.
No dijo nada más y una vez el otro salió simplemente soltó un nuevo suspiró y se giró suavemente, el aroma de la sangre ajena, de la descomposición leve del cuerpo inerte seguía presente en la antiquísima habitación. Bufó y se arrancó la camisa manchada de un solo tirón, volando los botones de su ojal para luego lanzarla al suelo como si de basura se tratase, mostrando así un cuerpo ágil, una piel suave que se veía interrumpida solo por las constantes cicatrices que habían dictaminado su infancia, su adolescencia e inclusive su adultez y que solían mantenerse escondidas en finas telas que envolvían perfectamente su cuerpo trabajado y armonioso.

Una ducha rápida le refresco las ideas y espantó el sueño que había culminado abruptamente por la intromisión del vampiro menor, el frío líquido recorrió su cuerpo desnudo acariciándole por completo, eliminando cada rastro de impureza que el mismo pudiese presentar o que se hubiese mantenido en la tostada piel de su cuerpo desde la fatídica noche anterior. Salió al fin, divertido con la idea de lo que el otro pudiese hacer con el pequeño cuerpo que él había mancillado e interrumpido la vida de una chica que inocente fue apresada por la lujuria y la pasión que el vampiro le había ofrecido y había terminado por acabar con su corta existencia.
Suspiró suavemente mientras secaba cada extensión de su cuerpo y volvía a vestir alguna de sus elegantes prendas escondiendo aquellas heridas del pasado que tanto le habían atormentado mientras crecía y que ahora prefería olvidar y esconderlas bajo el manto suave de la tela.

-Se está tardando mucho. –comentó para sí mismo en la soledad de la habitación mientras terminaba al fin de vestirse y salía de la habitación en busca del cachorro al que había adoptado (por mandatos de su padre) como su sirviente. Aquel hombre le gustaba hasta el punto en que el deseo se había convertido en lujuria y ahora se dedicaba a mirarle ensimismado en pensamientos impuros en que se volvían uno… pero no, su mente no podía perderse en esos pensamientos, estaba prohibido, no podía tocarle… no podía tentarle… solo podía jugar con él pero jamás ceder ante sus pecaminosos deseos.- Cadiz –Llamó cuando las escaleras llegaron al fin a su fin y anunciaban su arribo a la catacumbas familiares, sus pasos resonaron con fuerza en un aullido del suelo que gemía asustado por su presencia en tal lugar. El olor a muerte se respiraba en cada rincón del subterráneo. – Ah~~ hmm~ huele a muerte..-dijo con un tono sádico aspirando aquel aroma que le encantaba y siguiendo el mismo llegó al fin hasta donde el cachorro se encontraba.- Te tardas demasiado Cadiz. –espetó con su tipio tono caprichoso, mimado como el ser que era. Se cruzó de brazos y se relamió los labios, nuevamente lujurioso… ese hombre le ponía como ningún otro… el solo hecho de que le fuese prohibido le ponía…pero su control era único, no le había asaltado y solo se había dedicado a jugar con él como si de un juguete…su juguete se tratara.- Tenemos cosas que hacer y tu demoras demasiado jugando con un cuerpo inerte… ¿Debería conseguirte a alguien vivo para que te diviertas? –preguntó con una sonrisita socarrona curvando sus labios, como siempre empezaba ya a burlarse del menor solo para ocultar el deseo que el otro le despertaba.
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Re: Der Meister (Priv: Ian)

Mensaje por Cadiz Müller el Vie Ago 03, 2012 2:57 pm

El sótano, un lugar que era especialmente suyo, donde la "magia" solía ocurrir y ni un tiempo allí era malgastado, el espacio se llenaba de gritos, lamentos y confesiones importantes y valiosas que el joven vampiro recolectaba pero que cada vez se hacían más más escasas al no tener mucho "material" de donde sacarlas. Pero ahora podía contentarse con divertirse un poco con ese cuerpo, dejó los restos de esa mujer en un mesón metálico como en los de la morgue, y la observó por un momento, su expresión adolorida y enteramente sorprendida, sus ojos vidriosos miraban hacia el cielo raso del recinto y se abría una gran brecha en donde antes estaba la tráquea, la garganta y sus ojos ya no quisieron seguir con aquella dirección, solo la tapó nuevamente con la sábana, dejando las extremidades afuera, a la vista y también su cabeza. Una suave pero macabra sonrisa se dibujó en su rostro cuando su imaginación empezó a funcionar, claro, detallando la idea general que había empezado al estar en la habitación de Ian... Ian... Un muchacho un poco mayor que él mismo pero que a pesar de eso le faltaba madurez en sus decisiones.

Con eso en mente, empezó su trabajo, sacó de un cajón un bisturí y se acercó a la mano izquierda, de la cual colgaba una pulsera plateada, bonita, pero inservible ahora a la difunta, aunque podía ser un bonito detalle para el dolido padre de la víctima de Ian. Cadiz gustaba de tomar su tiempo para este tipo de entretenimientos, tal cual como un hombre armando un barco dentro de una botella. Poco a poco fue cortando en la piel muerta hasta llegar al hueso en lo que empezó a raspar para dejar la primera falange del índice limpio y al descubierto, luego con un pedazo de tela que empapó en alcohol fue sacando la sangre y tejidos que quedaban en él... Si, todo era demasiado macabro, pero perfecto el peli negro jamás dejaba un cabo suelto, jamás cometía un error en sus trabajos. Tanto se había concentrado en su tarea que el joven vampiro que no notó la suave llamaba de su amo, su nombre dicho a través de esos labios que no sabían nada más que expresar caprichos y decir cosas que a veces no tenían sentido, podría hacer más cosas con esa boca... Ni siquiera los pasos le habían alertado de la inminente presencia del mayor, el proceso de limpieza era muy importante para lo que tenía en mente, mandaría la mano, pulcramente lavada y perfumada con algún aroma caro, pero sin huellas que procesar, y sin indicadores en el tejido que pudieran identificar a la víctima, ese sería el primer paso, uno muy pequeño pero divertido.

Estaba tomando la sierra eléctrica cuando sintió la voz de Ian demasiado cerca, se giró lo mínimo para ver al mimado entrar en "su" territorio, caprichoso como siempre le exigía mayor rapidez en sus acciones, obviamente para no quedarse solo... Como si llegara a perderse sin él, el próximo líder podía hacer o empezar las cosas sin él pero era ya una forma acostumbrada que primero le fuera a buscar o lo retuviera a su lado para molestarlo, formó una pequeña mueca de desagrado por dejar el cuerpo así, incompleto, pero era verdad tenían cosas qué hacer, y no estaba nada mal la idea de darle a alguien que para variar sí podía gritar por sus actos - No es necesario... Tendré que dejarla así hasta que me desocupe - Dejó la sierra en su mesita cercana a la mesa más grande metálica, y volvió al cadáver para volver a tomarla y hacerla descansar, por el momento, en una sala un tanto más fría para frenar un poco el proceso de putrefacción. Salió de allí, como si nada, como si no hubiera estado haciendo más que leer un libro y haberlo dejado en el estante, así de tranquilo parecía estar, pero le había molestado que en ese preciso momento Ian hubiera ido a reclamar su asistencia - Podrías haberme esperado un poco más... o haber ido solo no es necesaria mi asistencia, ya lo sabes - Después de todo, él siempre tenía que quedar detrás de la puerta de reuniones, afuera esperando en un silla por Ian. Pasó junto a él con su andar gatuno sin preocuparse por las miradas impertinentes del amo, solo esperó a su lado con una mano extendida hacia adelante- ¿Seguimos entonces? -.


Última edición por Cadiz Müller el Jue Ago 23, 2012 6:24 am, editado 1 vez
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Re: Der Meister (Priv: Ian)

Mensaje por Ian Khaled el Dom Ago 19, 2012 4:25 am

Una sonrisa maliciosa se posó en sus labios cuando escuchó aquel crujir de huesos al ser cortados por lo que sea que el menor estaba usando para hacerlo, pero claro no era por aquel cuerpo inerte por el que había ido a tal lugar, había ido por el menor, aun tenían mucho trabajo que hacer (aunque en realidad era que él tenía trabajo que hacer pero prefería que el menor estuviese con él, de esa manera tenía con quien descargar el estrés, pero claro esto era un secreto no muy bien guardado). Ladeó suavemente su rostro, dirigiendo sus oscuros ojos no hacia al menor sino más bien al cuerpo que mucho antes había servido como su alimento.- pobre… y pensar que era una zorra más de la resistencia...-soltó con total desagrado mientras caminaba hacia el cuerpo inerte y le cogía una de las manos para así empezar a jugar con esta como si un simple juguete roto se tratara.- que mano deshuesada más bonita…-y de la nada la quebró haciendo que los huesos resonaran en la habitación antes de que el otro quitara el cuerpo.

Le siguió como si de un cachorrito tras su madre se tratara aunque en realidad lo hacía más para molestarle para otra cosa, después de todo era el otro quien siempre le seguía. –Sí, podría pero no tenía ganas ¿sabes? Me gusta cuando mi cachorro esta cerca, especialmente porque así tengo con quien divertirme mientras que me aburren con sus peticiones. –bostezó suavemente y se adelantó al menor, metiendo sus manos en los bolsillos mientras caminaba con total tranquilidad y lentitud, no tenía intención alguna con ir temprano a la reunión es más le jodía bastante el solo hecho de tener que asistir a esta, ni siquiera era la cabeza de la familia aun y ya le tenían metido en toda clase de negocio sucio, porque sí, todos los negocios que su padre mantenía con el bajo mundo eran sucios.

Suspiró suavemente y miró de reojo al menor ¿quizás podía evitar el suplicio si molestaba al menor? Sonrió con malicia y se detuvo del todo, acercándose ahora al menor con una mirada perversa y lujuriosa asomándose en sus ojos.- Hey…-se relamió los labios, obligando al menor retroceder hasta ser atrapado entre la fría pared de cemento y su cuerpo.- juguemos…-aquello fue una clara y concisa orden, aunque su voz sonó aterciopelada y en un ronco susurró sensual que dejaba claras las connotaciones que tenía esa invitación, es que claro, siempre le había tenido ganas al menor, desde que se lo habían entregado siempre lo había querido… estaba obsesionado con él y la verdad es que quería entrar en ese cuerpo. Volvió a relamerse los labios y lentamente fue acercándose a los labios ajenos, mientras que sus ojos oscuros se posaban del todo sobre los rojizos (o al menos lo que se conseguía ver) del menor. – Quiero tenerte…-musitó deteniéndose solo a unos cuantos centímetros de los labios ajenos, sabiendo bien que aquello era lo más lejos que podía llegar, es que claro, la única persona a la que había deseado era justamente el único al que jamás conseguiría tener…
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Re: Der Meister (Priv: Ian)

Mensaje por Cadiz Müller el Miér Sep 19, 2012 1:00 am

El menor de los vampiros contenía su mal humor con su amo, sabía que Ian estaba más que aburrido y si nadie le ponía atención, como buen mimado, empezaba a hacer gracias para captar miradas, eso era exactamente lo que estaba haciendo ahora mismo, "hacer gracias" con esa mano que ahora era inservible para lo que quería, los dedos fracturados darían una sensación de brusquedad en la forma de morir de la víctima que daría una errónea teoría de quien había sido el causante... Y lo que más quería era que supieran quién había sido, pero que podían matar con clase. Proyecto que tenía que salvar a como sea lugar, pero el mayor no le estaba dando muchas opciones de quedarse. Se llevó el cadáver a un lugar seguro donde el peli largo no entraría y fue a su lado, caminando apenas una corta distancia de la alta figura que era el vampiro mayor, roleando los ojos con tan solo el tono que le ponía al hablar - Pues que mal que seas el hijo del Líder ¿Verdad? perderías todos las responsabilidades si no lo fueras, pero... también los privilegios... Me pregunto que decisión tomarías si te dieran a elegir... - Dijo más para él que para su amo, quien empezaba a formar una forma más molesta de jugar.

Iban caminando por el pasillo que daba a la escalera hacia el primer piso, y Cadiz iba pensando en sus propios problemas y reuniones cuando vio por el rabillo del ojo que Ian e empezaba a acorralar, llevándolo hacia la pared, no había alcanzado a llegar a las escaleras, de hecho estaban a tan solo dos pasos de ella cuando los brazos de Ian estaban a cada lado de el cuerpo del vampiro menor. Cadiz le sostuvo la mirada aunque bastante inexpresivo, tan solo tenía algo que delataba su estado de ánimo y ese era el fruncimiento leve en su ceño... Ordenes, aunque lo disimulaba bien, In siempre tenía una leve inclinación a ordenarle con maneras suaves para que se confundiera y después llegara castigo, suspiró levemente antes de contestarle susurrando, tenía que tener cuidado pues su humor cambiaba como el de un niño - Ian, no tengo ánimo para juegos, llegaremos tarde - Sus ojos inevitablemente miraron los movimientos de los labios del mayor, que se acercaban a los suyos hasta sentir la respiración y el calor que estos expedían en tan frío ambiente, pero volvieron para ver de nuevo esos negros ojos que le deseaban.

No era la primera vez que Ian le hacía estas cosas, ni siquiera era raro el hecho que cada vez que el peli largo se aburriera (o eso pensaba Cadiz) se le aproximara para ver si conseguía algo del asesino, pero nada. Cadiz se mantenía firme, a lo más Ian conseguía acercarse hasta el punto que había llegado ahora, a escasos 2 centímetros de una boca cerrada aunque no apretada. Aunque esta vez, el más bajito de los dos sintió esas últimas palabras como algo más íntimo que otras veces, haciéndole endurecer sus facciones antes de empujarle para liberarse de esa posición tan estresante - A tu lugar Ian... - Aunque él era su amo, parecía que siempre pretendía salir de ese lugar - Compórtate como el heredero que eres... - Parecía bastante cruel o frío, pero era un mecanismo, cada vez Ian estaba más audaz, más cerca con sus juegos y Cadiz con todos los años que le conocía y había estado con él, ayudándole, protegiéndolo empezaba a sacar otras significados de lo que podían decir sus palabras, estaba asustándose de lo que su mente sacaba de eso.
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